
No sé por qué me puse a pensar tanto en esto...
Besos.
Me puse a hacer memoria.
A fantasear.
A recordar cuántos y a quienes.
A disfrutar los que he disfrutado.
A rememorar, clasificar, armar y desarmar, encuadrar y desenmarcar.
Y a decidir cómo me gustan los besos.
Me gustan apasionados, que empiecen suaves y tibios para luego enredarse en una fuerza y potencia que exprese todo lo que no necesite palabras.
Una vez me pasó eso. Lo recuerdo perfectamente. Fue delicioso y exquisito.
Quiero otro beso como ese. Me faltan besos. Quisiera pedirlos, darlos y recibirlos, y guardarlos en la loca cajita de la memoria.
Para revivirlos una y cien veces. Para que no mueran nunca.
Un beso. Eso falta.


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